Más impuestos, menos crecimiento: el riesgo de insistir en el mismo camino
- Fernando Belhot

- 22 abr
- 2 min de lectura

El Frente Amplio continúa impulsando iniciativas orientadas a revisar y aumentar la carga
impositiva sobre la sociedad.
Resulta llamativo que, frente a los desafíos económicos actuales, no surjan propuestas
orientadas a estimular la productividad, la inversión o el crecimiento. Por el contrario, se
insiste en aumentar impuestos, pese a que durante la campaña electoral se asumió el
compromiso de no hacerlo, promesa que hoy aparece claramente incumplida.
Ya se ha señalado la regresividad del denominado IVA personalizado. Si bien se presenta
como una herramienta de mayor equidad, en los hechos no deja de ser un impuesto
regresivo, al igual que el IVA tradicional. Además, plantea serias objeciones en materia de
confidencialidad del contribuyente y supone una implementación compleja y costosa.
No es casualidad que prácticamente no existan antecedentes relevantes de su aplicación a nivel
internacional.
En relación con el IRAE, se sostiene que su recaudación es baja debido a los incentivos
fiscales. Sin embargo, eliminar dichos incentivos no implicaría necesariamente una mayor
recaudación; por el contrario, podría reducirla. La razón es clara: en un contexto de alta
presión tributaria, muchos inversores optarían por no invertir en el país. Esto impactaría
directamente en la generación de empleo y en la sostenibilidad de proyectos de gran
escala, que son justamente los que más aportan a la economía y a la recaudación estatal.
El resultado podría ser el cierre de empresas y la migración de capitales hacia mercados
más competitivos.
Respecto al tratamiento del IRPF, es evidente una falta de comprensión sobre la diferencia
entre la tributación del capital y del trabajo. La carga sobre el capital suele ser más gravosa,
ya que se ve afectada por múltiples etapas de imposición —lo que se conoce como
“gravamen en cascada”—. Este tipo de estructura fiscal puede incentivar la salida de
capitales hacia países con sistemas más eficientes y competitivos.
En cuanto al Impuesto al Patrimonio, la tendencia internacional es clara: cada vez más
países optan por reducirlo o eliminarlo. Se trata de un impuesto que desincentiva el ahorro
y, en muchos casos, genera efectos contraproducentes en economías que buscan atraer
inversión. Incluso varias economías desarrolladas han dejado de aplicarlo por estos
motivos.
En definitiva, las propuestas que se plantean parecen responder más a una visión
ideológica que a un análisis económico realista. Se omite abordar el verdadero problema de
fondo: el nivel de gasto público. Sin una revisión del mismo, cualquier intento de equilibrar
las cuentas públicas mediante aumentos impositivos resulta insuficiente y potencialmente
perjudicial.
Cabe recordar que, en Uruguay, la iniciativa para crear o eliminar impuestos corresponde al
Presidente de la República, actuando junto al Ministro de Economía o en Consejo de
Ministros. Por lo tanto, cualquier decisión en este sentido permitirá identificar con claridad
las responsabilidades políticas correspondientes.



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