top of page

El multilateralismo actual no funciona

  • Foto del escritor: Fernando Belhot
    Fernando Belhot
  • 2 feb
  • 3 min de lectura

Cuando muchos políticos —e incluso países— se refieren al multilateralismo, suelen hacerlo

como si se tratara de un concepto inherentemente positivo. Sin embargo, desde mi punto de

vista, este concepto ha sido desvirtuado por la realidad y, si no se adapta a los nuevos

tiempos, dejará de tener el sentido para el cual fue creado.


El multilateralismo nació con el objetivo de promover, a través de instituciones

internacionales, el desarrollo de las naciones: equilibrar el manejo de los conflictos

internacionales, fomentar la libertad de comercio y combatir fenómenos globales que

afectan a la humanidad.


Hoy no solo esos objetivos no se han alcanzado, sino que, en una mirada retrospectiva,

muchos de los logros que alguna vez le dieron sustento al multilateralismo se han debilitado

o directamente se han perdido.


Tras el final de la Segunda Guerra Mundial surgieron numerosos organismos

internacionales que, en teoría, consolidarían esos principios. Así nació la Organización de

las Naciones Unidas (ONU), integrada por la gran mayoría de los países del mundo, con la

misión de preservar la paz, evitar conflictos bélicos y promover, a través de sus agencias, el

desarrollo y el bienestar de la humanidad.


Los resultados obtenidos hasta ahora han sido pobres. Se han dilapidado miles de millones

de dólares que, en términos generales, no beneficiaron a quienes más lo necesitaban.

Muchos de estos organismos se fueron llenando de estructuras burocráticas y funcionarios

incapaces de cumplir con los objetivos para los cuales fueron creados.


En este contexto, resulta comprensible el escepticismo del presidente Donald Trump frente

al multilateralismo. La mayoría de estos organismos se sostienen, en gran parte, con el

aporte económico de Estados Unidos, y aun así muchos de ellos se han convertido en

opositores sistemáticos a los intereses norteamericanos, llegando incluso a enfrentamientos

ideológicos difíciles de justificar.


Ejemplos sobran: la ONU apoyando de forma reiterada posiciones antiestadounidenses, su

actitud frente al conflicto entre Israel y la organización terrorista Hamás, la falta de firmeza

frente al régimen teocrático iraní, la tolerancia durante más de 60 años de la dictadura

cubana, o los más de 20 años de la narcodictadura venezolana, entre muchos otros casos.


Algo similar ocurre con otros organismos internacionales. La OEA tardó décadas en

reaccionar frente a una larga lista de dictaduras latinoamericanas que violaban abiertamente

la carta democrática que dio origen a la institución.


La OCDE, lejos de impulsar el desarrollo de los países, se ha concentrado principalmente

en promover el aumento de la presión fiscal a nivel global.


La OMS tampoco dio un buen ejemplo durante la pandemia y, pese a que debería liderar la

lucha contra epidemias y enfermedades endémicas en África, no ha logrado erradicarlas.

No es casual que Estados Unidos haya decidido retirarse formalmente de esta organización.


La OMC, cuya misión es promover el libre comercio internacional como motor de desarrollo,

tampoco ha cumplido sus objetivos, lo que llevó a Estados Unidos a formalizar también su

salida.


En nombre del multilateralismo, además, se han impulsado políticas que han generado una

emigración masiva desordenada, perjudicando a numerosos países. Lo mismo ocurre con

las llamadas políticas de género, que se exigen con rigor en países occidentales y

democráticos, mientras se guarda silencio sobre la situación de la mujer en Irán y en otros

países musulmanes.


En el plano regional, el Mercosur ha sido, para nuestro país, más un obstáculo que una

oportunidad. Nos hizo perder acuerdos estratégicos y oportunidades comerciales

relevantes, a cambio de beneficios prácticamente nulos, favoreciendo de forma sistemática

a Brasil y, en algunos casos, a Argentina.


Por todo lo expuesto, veo con esperanza a líderes como Donald Trump, Giorgia Meloni o

Javier Milei, quienes están dispuestos a enfrentar el anquilosamiento en el que ha caído el

multilateralismo y a recuperar valores esenciales como la libertad, el orden y la familia.

Valores que inspiraron originalmente al multilateralismo y que hoy, paradójicamente, este ya

no defiende.

 
 
 

Comentarios


bottom of page